NOTAS SOBRE DINAMARCA
Mariluz Uribe
Ocasionalmente me escribo con algunas de las personas que conocí en Dinamarca, ya hace 20 años, colombianos, daneses y de otras partes, unos 10: Estrada, Ottosen, Thomas Eisenhardti, el príncipe Romanoff, Liz Klixbull, el abogado Flemming, Anders, Stephen Gilmartin, Arne Wessenberg, Ken el masajista. Lona no volvió a comunicarse, se casó con Richard el que hacía la música para el grupo, tuvo bebé y ya se divorció.
Cuando mi hijo llegó allá, nos escribió "no crerán, pero esto es como del siglo XVI". Cuando yo llegue allá* con mi marido, éste se aterró de que nuestro hijo durmiera en un "fouton" en el suelo, le compró una cama, y yo una mesa y una silla. Jorge se había fabricado una ducha con un closet redondo de tela y puso en el fondo un platón y encima una manguera, imaginar el lío de la manguera en la cocina y el peso del platón ya lleno de agua...
Me encantaría mostrar todas las fotos. Recordar que los europeos no se preocupan por el baño, tener un WC los deja plenos y se lavan las manos en la cocina. ¡Así vivía un elegante amigo de Jorge, el joyero de la reina! En un apto con balcón sobre una belleza de avenida con vista a los canales y toda arborizada, la sala, el dormitorio, el closet (walk-in) y un WC como mucho cuento. El se burlaba de los gringos porque estos pensaban en comodidad y no en elegancia.
En el hotel del barrio de Jorge que era un buen barrio había un baño por piso, allá llegué y salí horrorizada corriendo para la casa de él, aunque me daba pena incomodar.
Jorge llegó a vivir en un cuarto en un Hof, caballeriza, luego la bailarina Lona lo invitó al apartamento de ella. Después me parece que el hermano de ella que era el dueño lo sacó. Y se fue para el barrio turco a un 5o piso de construcción antigua como todo allá, sin ascensor, sin nevera. Calefacción sí hay, lo que no hay es aire acondicionado. Creo que estuvo días sin comer cuando por su salud no podía bajar a mercar y no iban muchos visitantes.
Su hermana llegó allá y quedó aterrada, le consiguió un apartamento, que tuvimos que reconstruir personalmente nosotros, puertas caídas, ventanas que no cerraban, eso sí buena cocina y buen baño, no tenía teléfono ni TV, los pintores habían cortado las líneas y el dueño fresco. Yo tenía que salir a telefonear a la calle oscura y helada. No había garaje así que se parqueaba en la calle pero cada tanto había que mover el carro de puesto para que no se lo llevara la policía.
Cuando llegó Kathryn dijo que ella no podía vivir allí entonces conseguimos la casita muy bonita, le mandé los muebles japoneses que heredé de una tía y alfombras que regaló.
Los geniales judíos vecinos de Jorge, sobre los cuales él escribió un cuento bello, “La Cabala marina”, hacían sus necesidades en el jardín y tapaban con tierrita porque no lograban que los propietarios les arreglaran el baño.
Inclusive hay un barrio hippie, muy bien situado por cierto, CRISTIANIA, frente al mar, donde cada uno puede hacer lo que le de la gana, no se pagan impuestos pero tampoco hay luz ni agua, ni teléfono, ni TV, ni nada. A los que viven allá no les gusta que uno entre, y hay que ver las fachas en que salen.
El cine danés es maravilloso, una de las últimas películas que vi trataba de una ciudad inexistente que era solo un telón. Y el nuevo cine filmado con una sola cámara perseguidora, salió de allá.