Carta en la muerte de Jorge Holguín por María Sara Villa
La secuencia de imágenes ha sido interminable: tantas, tantas cosas tan bellas que casi ni las puedo describir.
Tantos momentos de las coreografías de Jorge, el color, la música; su picardía, su ironía y esa magia! Esa magia que en tanta danza que he visto en la vida a nadie mas se la he visto. Esa entrega extraordinaria y perfecta. Ese absoluto yo no sé qué, que tenía su presencia y que definitivamente marcaba para siempre, no sólo en un escenario sino ante cualquier circunstancia de la vida.
Mientras más recuerdo, más son las imágenes que se me vienen al corazón y a la mente. Cómo se puede agradecer a la vida que nos haya permitido conocer a un alma tan grande? Cómo podemos agradecerle a Jorge todo lo que nos enseño?
Bailando y bailando con todo lo que aprendimos de él. Sintiéndolo siempre presente y seguir aprendiendo porque de alguien tan grande nada nunca se acabará.
La otra tarde en mi estudio pensando en su enfermedad y su muerte, en la ironía de las cosas que a veces nos trae la vida, sentí mi cuerpo liviano y sin importancia. y por un momento hermoso viví la libertad de Jorge, la que hoy vive.
Nunca lo habia sentido tan cerca y sin necesidad de visas y pasaportes aquí está con todos los que lo apreciamos.
Su ausencia se vuelve presencia imprescindible en los recuerdos.
El 11 de diciembre, 1989, en el teatro Pablo Tobón de Medellín María Sara villa presento con "danzarte", una secuencia en homenaje y memoria de Jorge Holguín. María Sara Villa trabajó en la compañía de teatro‑danza de Jorge Holguín y con otros bailarines colombianos viajó a París a presentar "La patasola", obra de Jorge, en el concurso internacional del Palacio de Invierno.