UN ARTISTA ES UN FABRICANTE DE ORACIONES


No lejos del río Dniester que corre hacia el mar Negro, vivía un TSADIK o santo de la secta hasídica. Ese santo no disfrutaba leyendo la Torah, el Talmud ni ningún otro libro de su ancestro judío, sino que se iba a las montañas con sus ovejas y alababa al Señor a su manera, saltando de una a otra orilla de un arroyuelo de agua clara. Pasaba el día brincando alegremente sobre la corriente y la gente se reía de él porque nadie podía imaginar cuanto le gustaba al Señor el saltar del Tsadik. (Citado por Meyer Levin, "Los Montes Cárpatos de Moldavia" 1795, Cuentos hasídicos clásicos, New York 1932).

Se puede sentir una inclinación, un impulso, una dirección hacia Dios en el apresuramiento que ocurre en El Cairo cuando es necesario lavarse y alistarse para orar, al escuchar los gritos del Imán que desde el Minarete convoca a la gente por medio de un altoparlante tres veces al día. Sabemos, o nos han dicho que Dios escucha todo esto.

Aquí o allá, cerca de usted o cerca de mi hay un hombre alto o bajo, de cabellos lisos u ondulados, moreno o blanco que también hace sus oraciones. Pero no a un Dios, el reza a algo aún mas incomprensible, el reza a aquello que no existe. No eleva su oración a una persona a un lugar o una época, ni siquiera a una idea, sino a algo que no tiene existencia. Nadie vive allí y nadie escucha sus palabras, sus oraciones se ahogan en la nada.

La palabra caos viene a la mente pero no puede ser usada en el contexto de nuestro hombre, él tiene una finalidad, una dirección aunque no apunte hacia ninguna parte. El sabe lo que está haciendo aunque no lo sepa.

El cita y toma, amplia y salvajemente. Pide prestada ya una máscara veneciana o un musculoso brazo de los náufragos de Gericault, una de las poses favoritas de Cleopatra, la capacidad de maravillarse de los renacentistas, las intrigas de Versalles o la delicada silla de madera en que Josefina se sentaba en la Malmaison. Cosas del pasado, cosas de hoy como la industria de la moda y de los objetos inútiles y plásticos y también probabilidades del futuro.

Estos préstamos de aquí y de allá no pretenden buscar o dar una solución. No se trata de arquitectos post modernos que cuelgan un pequeño detalle romano en su puerta y que flanquean sus entradas con un par de columnas jónicas. Ese hombre que es cualquier hombre, presta, recoge, toma, recolecta, reúne y amasa como si estuviera forjando un ejército apocalíptico para que viniera a ayudarlo. Un ejército tan grande que si se fuera a la guerra, todo el planeta Tierra quedaría cubierto por la nube de polvo que levantarían sus pies... El sol escondería su cara y dejaría de brillar. Pero a pesar de todo este poderío militar las oraciones de nuestro hombre no obtendrían respuesta.

Sir Thomas Moore inventó una isla imaginaria que representó como el lugar donde se disfrutaba de la máxima perfección. La llamo UTOPÍA, palabra que según el diccionario viene de un compuesto griego y significa "un no lugar". Platón era un utopista, como también lo fueron Claude Henry de Saint Simon conde de Rouvroy, Charles Fourrier (Les Phalansteries), Henry Thoreau (Walden), y en cierto modo H. G. Wells (La máquina del tiempo, La guerra de los mundos), Aldous Huxley (El mejor de los mundos) y Eric Blair conocido como George Orwell (1984).

Pero este hombre nuestro de todos los días no es un utopista. Utopía ya existe, puesto que está representada por una palabra que figura en el diccionario y fue usada por sir Moore para el título de su libro, si no existiera no tendría su palabra correspondiente. El lugar de nuestro hombre, si es que es un lugar, no tiene forma física y ciertamente no tiene nombre.

Pero de todas maneras, cómo se alcanza una utopía? Son necesarias una novela, una pintura o talvez un barco para llegar a ella? Pero la Utopía no se alcanza, llega. Puede ser que sea el Mesías en su venida, quién traiga la utopía a nosotros... El escuchará con un oído atento nuestras palabras, súplicas y quejas, mientras comanda sus huestes desde su trono de Jerusalén. Leerá una vez más todas los pequeños mensajes que los judíos han insertado por más de veinte siglos en las hendiduras del templo de Salomón... Y en la más temible de las horas El tomará y reunirá, recogerá y guardará consigo a todos aquellos a quiénes les esté permitido permanecer, quedarse, llegar a la Utopía.

Y qué acerca de nuestro hombre? El continuará enviando sus oraciones en cofres y bajeles hechos de hilos plateados y cobrizos, refulgentes de piedras preciosas y adornados con guirnaldas. Esos cofres y bajeles ondularán sedientos hacia ninguna parte, mientras nuestro hombre caminará, volará con sus alas o hará muecas propias de un baile veneciano. Pero nunca nada llegará a ningún lugar. Cómo podemos aceptar este comportamiento sin sentido de parte del hombre ? Debemos reírnos de su falta de compromiso? Es el trabajo de todo hombre un desperdicio, una pérdida de tiempo y energía? Por qué no se diseña sencillamente una Utopía "lista para usar" y terminamos este embrollo?

Mientras haya un pastor hasídico que salte a uno y otro lado del arroyo, diciendo "tiene que hacerse", "hay que hacerlo", nos recordará que cada uno de nosotros reza, juega, adora, reverencia de diferente manera.

Jorge Holguín Uribe

En lengua danesa este trozo fue usado en el Museo del Louvre, París 1989 en la exposición de Torben Hardenerg joyero de la reina danesa.

Un trozo de este artículo en español fue utilizado para inaugurar la exposición de Germán Parra Prado, "Rostros".